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Se estima que unas 140.000 muertes anuales se producen en España causadas por enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio. Tal cantidad es motivo suficiente para estar alerta ante una patología en la que resulta básico prevenir y mantener una vida saludable. 
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en España, siendo el infarto agudo de miocardio la manifestación con mayor tasa de mortalidad.
Cuando sucede un infarto, se obstruye alguna arteria coronaria y las células del músculo cardiaco que irriga se mueren porque no reciben el adecuado aporte de sangre. La obstrucción coronaria está ocasionada por el desprendimiento de una placa de ateroma que forma un trombo o coágulo que ocluye totalmente la arteria.
Si no se consigue abrir rápidamente la arteria para restablecer el riego sanguíneo, la muerte del tejido cardiaco es irreversible con lo que deja de funcionar. En su lugar se forma una cicatriz que no tiene capacidad de contraerse, debilitando el corazón.

Por tanto, abrir la arteria lo más rápidamente posible para restablecer el flujo sanguíneo y reducir al máximo la extensión del infarto es de vital importancia, y para ello se emplean dos técnicas:
-la angioplastia primaria (un cateterismo urgente para intentar abrir la arteria de forma mecánica)
-la fibrinolisis, que consiste en inyectar un fármaco intravenoso que rompe el trombo.
Se calcula que una de cada tres personas que sufre un infarto agudo de miocardio muere antes de recibir atención médica, a causa de una arritmia letal, de ahí que una rápida atención puede reducir la mortalidad en los primeros momentos. Las técnicas de abordaje y los fármacos pautados durante el ingreso y con posterioridad, han reducido la morbilidad y mortalidad asociadas.
Sobre lo que sí hay evidencia es que para evitar infartos hay que prestar más atención a la prevención de los factores de riesgo cardiovascular modificables (tabaco, hipertensión arterial, colesterol elevado, obesidad, sedentarismo o estrés);  ya que ante los no modificables, como la edad o los antecedentes familiares, poco se puede hacer.
Para poder evitar un infarto de miocardio debemos prestar especial atención a los siguientes factores:
1. Controlar la presión arterial
La presión con la que circula la sangre por nuestras arterias es el principal indicador de salud cardiovascular. Tener cifras elevadas y mantenidas en el tiempo daña el interior de las arterias, produciendo lesiones principalmente en el corazón, el cerebro, los riñones y en los ojos.
Una tensión por debajo de 120/75 mmHg es saludable; por encima de esas cifras, hasta 135/85 mmHg, ya se considera prehipertensión y debe realizar vigilancia periódica. Cuando la cifra supera esos parámetros hablamos de hipertensión.
Es de vital importancia controlar de forma periódica la tensión arterial y seguir unas recomendaciones de estilo de vida saludables:

Seguir una dieta baja en sal. Reducir la cantidad de sal diaria a un pellizco (1,5 gramos es lo recomendable). Evitar embutidos, conservas y, en general, alimentos precocinados que suelen ser muysalados. Es mejor comer alimentos naturales preparados en casa (carne, pescado, legumbres, verduras…) sin añadirles sal.

Evitar el alcohol. Reducir la ingesta a menos de dos copas de vino diarias.
Hacer caso a los consejos del médico. Si con las dos medidas higiénico-dietéticas anteriores la tensión arterial sigue alta, tome las pastillas que su médico le indique. No caiga en la tentación de abandonar la medicación para probar a ver qué pasa; si lo hace, le volverá a subir la tensión arterial.
Mantener el peso ideal o tender a mantenerlo. Si lo logran, esta medida puede ser suficiente para alcanzar los niveles adecuados de presión arterial y evitar tomar medicamentos.
Hacer ejercicio físico de tipo aeróbico (caminar, nadar, montar en bici). El beneficio es doble ya que controlará la tensión arterial y será más sencillo que se mantenga en el peso ideal.
2. Dejar el tabaco
El tabaco es la primera causa de muerte evitable en nuestro entorno y es un clarísimo factor de riesgo cardiovascular (un fumador tiene cinco veces más posibilidades de sufrir un infarto que un no fumador).
Dejar de fumar es más importante para la salud cardiovascular que controlar la tensión arterial o el colesterol, siendo a veces necesario tomar medicamentos que multiplican la probabilidad para dejar de fumar.
3. Vigilar el colesterol y los triglicéridos
El colesterol elevado provoca depósitos de grasa en el interior de las arterias, lo que dificulta la circulación y hace que el corazón sufra más para bombear la sangre. Para determinar si el nivel de lípidos es elevado, el único método es un análisis de sangre. La Sociedad Española de Cardiología establece que las concentraciones plasmáticas de colesterol por encima de 200 mg/dl ya resultan preocupantes. Los triglicéridos, por su parte, son otro tipo de grasa que circula por la sangre y que también son un factor de riesgo coronario: lo recomendable es que sus niveles estén por debajo de 150 mg/dl.
Para controlar las cifras de colesterol, se debe reducir el consumo de alimentos ricos en grasas, ya sean saturadas (presentes en grasas de origen animal) o trans (presentes en bollería industrial principalmente). Para evitar que suban los triglicéridos, además de las medidas anteriores, se debe evitar el consumo de alcohol y controlar la ingesta de azúcares e hidratos de carbono. A veces es necesario tomar fármacos para controlar los niveles.

4. Mantener los niveles de glucosa en sangre
La diabetes es un importante factor de riesgo para padecer enfermedades cardiovasculares, de hecho las personas diabéticas tienen más riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio que quienes no lo son, por lo que deben ser muy estrictos con el control del azúcar y los factores de riesgo cardiovascular. Los consejos para prevenir la diabetes son los mismos que para prevenir la hipertensión y las dislipemias: vigilar el peso, seguir una dieta saludable como la mediterránea, no fumar ni beber alcohol, evitar los alimentos con azúcar añadido y hacer ejercicio.
5. Hacer ejercicio
El sedentarismo favorece la obesidad y es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, favoreciendo la diabetes, la hipercolesterolemia o la hipertensión. Reducir el peso mediante un ejercicio regular de intensidad moderada durante al menos 30-45 minutos diarios ayuda a reducir el colesterol LDL, los triglicéridos, mejora el control de la diabetes y de la hipertensión.
El ejercicio debe ser dinámico y aeróbico, como andar, correr, nadar o montar en bici. En todo caso debe adaptarse a las preferencias y posibilidades reales de cada persona.
 
6. Controlar el estrés
El estrés favorece la aparición de enfermedades cardiovasculares,  pero es difícil cuantificarlo. Para reducir los niveles de estrés, lo recomendable es llevar un estilo de vida saludable y tranquilo pudiendo precisar técnicas de relajación como el yoga, la meditación,…
7. Evitar el exceso de peso
El sobrepeso y la obesidad corporal son factores modificables que inciden en la salud cardiovascular. El índice comúnmente aceptado para determinar la obesidad es el índice de masa corporal (IMC), que se obtiene dividiendo el peso por la estatura al cuadrado. El IMC ideal es de 20 a 25. Entre 25 y 30 es sobrepeso y más de 30, obesidad. La obesidad abdominal, cuando el perímetro abdominal es mayor de 94 cm en varones y de 80 en mujeres debe dirigirse una atención especial para adelgazar, ya que reducir sólo un 5 por ciento del peso basal, mejora los trastornos de los lípidos y mejora los demás factores de riesgo cardiovascular.
No hay secretos para perder peso: todo consiste en reducir la ingesta de calorías y aumentar el gasto energético con ejercicio físico de intensidad moderada.
Si toma alguna medicación para el control de sus factores de riesgo cardiovascular, no deje de hacerlo sin consultar antes a su médico. No abandone las pastillas para la tensión, el colesterol, la diabetes, …
Otros consejos.
En los pacientes que han tenido una enfermedad cardiovascular, se recomienda tomar antiagregantes plaquetarios (generalmente, dosis bajas de aspirina) para prevenir la formación de trombos en las arterias. Si usted ha tenido un infarto, debe tomar la aspirina a dosis bajas de forma indefinida, tal como le recomiende su médico, salvo que la tenga contraindicada.
En cambio, los pacientes sin enfermedad cardiovascular NO deben tomar ácido acetilsalicílico para prevenir los trombos, pues aumenta el riesgo de sangrados graves.
Y, a partir de los 45, debemos ser más cautos ya que la aterosclerosis es una enfermedad degenerativa, y la enfermedad coronaria es más frecuente en personas a partir de una cierta edad, siendo la primera causa de muerte en los varones mayores de 45 años y en las mujeres mayores de 65 años.
Los varones a partir de los 45 años y las mujeres a partir de los 55 años deben cuidarse más. Aunque las medidas de prevención se deben iniciar desde las edades tempranas de la vida, si usted es un varón de más de 45 años o una mujer de más de 55 años, tiene que reforzar los cuidados de prevención todavía más.
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