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La obesidad infanto-juvenil es una epidemia de nuestro tiempo. El riesgo que presenta un niño obeso para convertirse en un adulto obeso es del 60-70% cuando el niño tiene entre 3 y 7 años. Pero ese riesgo de obesidad adulta puede llegar al 95% si el adolescente es obeso a los 17 años. El problema de la obesidad no sólo se reduce a una cuestión estética, son cifras que deben hacernos reflexionar y tomar todas las medidas a nuestro alcance para evitar que nuestros hijos la padezcan.Y los padres deberían preocuparse de ello.

 

Cada vez se acumula más evidencia científica de que la obesidad en la primera década de la vida, y sobretodo en la segunda, es una enfermedad que tiende a cronificarse y agravarse afectando a la salud física, mental y social a estas edades y en la edad adulta.

 

 

La obesidad se asocia a cambios de distribución y depósito de la grasa corporal, afectando a la estructura y funcionalidad de los órganos, al metabolismo, la regulación hormonal y la homeostasis. Influye también en el aspecto psicológico, en la autoestima y aceptación social.

La obesidad es el principal aglutinador de factores de riesgo cardiovascular, y dado que su inicio es cada vez más temprano, el riesgo de morbimortalidad precoz se incrementa. Por poner un ejemplo de un estudio y sus conclusiones, en el estudio GALINUT se demostró que los niños y adolescentes obesos tienen casi dos veces más riesgo de presentar niveles elevados de colesterol total y colesterol-LDL, casi ocho veces de tener elevada la tensión arterial sistólica, diez veces de tener cifras elevadas de triglicéridos, que es otro tipo de grasa que circula en la sangre.

Los niños que presentan obesidad también presentan casi tres veces más niveles de HDL bajos, que resulta ser un factor de protección cardiovascular. Controlar todos estos factores permite evitar sufrir un infarto agudo de miocardio.

El conjunto de tres de estos factores de riesgo es casi siete veces más frecuente en niños obesos respecto a los que no lo son.

También se ha visto la relación entre la epidemia de obesidad en niños y adolescentes, y la presentación a estas edades de enfermedades consideradas hasta hace poco como exclusivas de adultos por su relación con un perfil aterogénico.

 

 

Los niños con obesidad presentan más frecuencia de padecer diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial o síndrome metabólico en la edad adulta.

El rápido desarrollo de esta epidemia  de obesidad infantil y juvenil en poblaciones genéticamente estables, indica que dicha epidemia debe ser atribuida primariamente a factores ambientales para los que sí pueden existir soluciones. Y la más inocua y sencilla es fomentar en ellos la actividad física.
La intolerancia a la glucosa y la resistencia a la insulina son más prevalentes entre los chicos obesos, y parecen ser fundamentales en las complicaciones en la edad adulta a nivel microvascular o pequeños vasos de los ojos y riñones (causantes de ceguera y fallo renal), y macrovascular o grandes vasos del cerebro, corazón (causantes de ictus, enfermedad cardiaca y riesgo de amputaciones).
Entre los adolescentes y jóvenes que han fallecido por causas traumáticas, es decir, no relacionadas con problemas del corazón, al hacerles la autopsia se pudo demostrar que en los que eran obesos se detectaban lesiones de ateroesclerosis cardiaca asintomática más avanzada que en los no obesos.

 

Incluso en un estudio sobre niños con sobrepeso, pudo demostrarse que el riesgo de muerte por enfermedad cardiaca isquémica a partir de los 57 años era el doble.

 

 

 

 

¿Cuáles son las principales complicaciones de la obesidad infantil y juvenil?

De manera resumida podemos decir que las complicaciones de la obesidad en los jóvenes son:

1. A nivel cardiovascular ocasiona dislipemia o alteraciones en los lípidos de la sangre, hipertensión arterial, inflamación crónica y disfunción endotelial, hipertrofia ventricular izquierda, todos ellos favorecedores del proceso de ateroesclerosis que es fundamental para desarrollar complicaciones cardiovasculares como un infarto.


2. A nivel endocrino produce aumento en la resistencia a la acción de la insulina, intolerancia a la glucosa y diabetes mellitus tipo 2. También se relaciona con la pubertad precoz, el síndrome de ovario poliquístico en las niñas y dismenorrea, así como hipogonadismo en los niños.


3. A nivel nutricional causa hipovitaminosis D y déficit de hierro y calcio dado que aunque toman alimentos con mucha energía, éstos no contiene nutrientes esenciales, y los pocos que tienen los secuestra la grasa corporal eliminándolos de la circulación sanguínea.

4. Conviene saber que existe relación de la obesidad con ciertos tipos de cánceres como el cáncer de mama, ovario, endometrio, colon y renal.

 

 

 

5. A nivel gastrointestinal debido al acúmulo de grasas hay mayor frecuencia de colelitiasis, o piedras en la vesícula, acúmulo de grasa en el hígado o esteatosis hepática, pancreatitis y reflujo gastroesofágico.

6. En el aspecto psicosocial, los niños obesos presentan mayor incidencia de baja autoestima, depresión y ansiedad e insomnio, sufriendo estigmatización en el seno de una sociedad donde el desarrollo de la delgadez es un modelo idealizado.


¿Qué otras enfermedades se asocian a la obesidad desde la niñez a la edad adulta?

A pesar del riesgo de establecer proyecciones futuras con cierta fiabilidad, diversos estudios presentan evidencias de que ciertas enfermedades presentes en la niñez como la obesidad pueden manifestarse en la edad adulta.

Principalmente las enfermedades coronarias que son la primera causa de mortalidad en los países desarrollados tienen como un claro factor de influencia al sobrepeso y la obesidad. Incluso algunos estudios desarrollados sobre etnias en Estados Unidos comentan que puede existir cierta influencia de la raza de cada niño obeso sobre las complicaciones futuras en su salud.

 

 

También diversos estudios han demostrado que la obesidad en la edad infantil es un factor de riesgo para seguir siendo obeso en la edad adulta. Así, los adolescentes obesos pueden tener hasta 16 veces mayor riesgo de desarrollar obesidad severa que los adolescentes de peso normal o sobrepeso.

En un estudio internacional de hace unos años como el Bogalusa Heart Study, se demostró que el riesgo de hipertensión en adultos es 8,5 veces mayor si fueron obesos en la niñez. Aunque son datos de hace tiempo, sus conclusiones siguen siendo vigentes.

 

 

En cuanto a las cifras de colesterol, en dicho estudio el riesgo era 3,5 veces mayor para el LDL alto, y de 8 veces mayor para el HDL bajo. Ambos factores de grasas asociados tienen una nefasta complicación: aumentar el grosor de la íntima-media de la arteria carótida y el grado de ateroesclerosis en el adulto obeso.

A lo mejor todo esto suena raro, pero es mucho más gráfico explicar que el riesgo relativo para la tasa de mortalidad por todas estas causas el doble respecto a quien no lo presenta obesidad. Y por enfermedad cardíaca coronaria entre 2 y 3 veces, siendo el efecto más evidente para los hombres.

En un análisis posterior del estudio Bogalusa se demostró que la obesidad del niño y su edad de aparición predicen la hipertensión arterial en el adulto. Controlar los factores de riesgo cardiovascular son fundamentales.

 

 

Multitud de estudios posteriores han refrendado estas conclusiones. Resulta importante destacar la asociación entre la actividad física y el grado de obesidad en niños entre los 9-10 años y la adolescencia tardía (18-19 años), existiendo relación entre el descenso en la actividad física y el nivel de obesidad.

Pero además de la obesidad, la extrapolación de datos actuales sugieren que el sobrepeso del adolescente incrementará la incidencia de enfermedades coronarias entre los adultos jóvenes y de mediana edad, lo cual resultará en un aumento de su morbi-mortalidad.

 

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Es decisión de los niños y jóvenes fomentar la actividad física y hacer una dieta sana para reducir complicaciones actuales y futuras en su salud. Y los padres deberían preocuparse de todo ello.

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