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Los periodos de agotamiento físico o intelectual son una consulta relativamente frecuente en nuestra consulta y generalmente se refiere a la astenia.

Lo que queremos transmitir hoy es cómo afrontar la percepción física y mental de falta de energía, no atribuible a una actividad física intensa, sino a la que se ocasiona con la actividad habitual y que se mantiene en el tiempo al menos un mes. A veces son difíciles de evaluar por la subjetividad de los síntomas y signos que refiere el paciente. 

Este cansancio también conocido como astenia, no es similar a la disnea o fatiga de origen respiratorio, ni a la debilidad muscular más propia de enfermedades neurológicas o neuromusculares.

Las principales causas de astenia tienen que ver con:

– Depresión y ansiedad, así como situaciones de estrés crónico

– Anemia y enfermedades tiroideas

– Infecciones respiratorias e insuficiencia cardiaca

– Ingesta de medicamentos

Pero existen muchas otras causas que deben ser dirigidas con una adecuada interpretación de los síntomas expresados y la exploración física. Será necesario realizar una analítica sanguínea completa que incluya hemograma, bioquímica, VSG, estudio del metabolismo del hierro, hormonas tiroideas, función renal y hepática. Es una analítica rutinaria de inicio para saber si algún parámetro alterado nos puede orientar a profundizar con más estudios complementarios.

Quizás, desde la parte educativa sanitaria sea importante conocer cuáles son los síntomas de alarma que pueden hacer pensar que dicho cansancio sea la expresión de una enfermedad grave, y que son:

Pérdida de peso, generalmente más del 10% en el último mes, con ausencia de apetito

Adenopatías o bultos palpables en axilas, huecos supraclaviculares y zonas inguinales

Fiebre de predominio vespertino, es decir, principalmente por las tardes

Pérdida de fuerza muscular y dificultad para respirar

De todos modos, para poder conocer algo más sobre la causa de esta patología conviene realizar como mínimo un análisis de sangre, y una orientación etiológica que nos indique si es necesario hacer nuevas exploraciones  complementarias como una ecografía abdominal, una radiografía de tórax e incluso un TAC.

Los consejos que ofrecemos mientras no se sabe la causa, van orientados a una vida saludable, con una alimentación equilibrada, y una hidratación de al menos 1.5 litros de agua diaria, especialmente importante en los ancianos si no hay contraindicaciones por su patología cardiaca o pulmonar. Deben evitarse situaciones de estrés aprendiendo a reducirlo con técnicas de relajación. Por supuesto, se debe abandonar el consumo de tabaco y alcohol.

Es de vital importancia mantener un horario regular de sueño reorganizando la actividad cotidiana para iniciar y terminar la jornada a una hora aproximadamente parecida todos los días. Intentar mantener cierto grado de actividad física moderada y seguir las instrucciones y tratamientos aconsejados por su médico.

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