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Nobel de Fisiología y Medicina 2019 para los Drs Sir Peter J. Ratcliffe, Greg Semenza and William G. Kaelin. Así lo ha comunicado la Academia sueca encargada de otorgar estos prestigiosos premios cada año desde 1901. En su último testamento, el filántropo sueco Alfred Nobel (químico que inventó la dinamita),  quiso dejar para la posteridad fondos que permitiesen crear una serie de premios en distintas disciplinas: los conocidos como Premios Nobel.

El Premio Nobel es el reconocimiento de mayor prestigio a nivel mundial en cada categoría, y entre ellos se incluye el Premio Nobel de Fisiología y Medicina para reconocer a la persona o grupo de personas que más haya aportado a la humanidad durante ese año. De esta manera, Alfred Nobel pretendía mitigar el dolor que causó su invención, que además de aportar prosperidad, consiguió truncar millones de muertes en guerras y accidentes a los largo de la historia.

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Premios Nobel Fisiología y Medicina

El reconocimiento más importante dentro de los terrenos de la Fisiología y la Medicina ha sido otorgado a 214 individuos entre 1901 y 2017. En este año 2019, los doctores William G. Kaelin, de Harvard University (Boston), Gregg L. Semenza, profesor en Johns Hopkins University de Baltimore, Maryland, ambos en Estados Unidos, y  Sir Peter J. Ratcliffe, de Oxford University en Reino Unido, han sido galardonados con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus descubrimientos sobre cómo las células detectan el nivel de oxígeno en sangre y se adaptan a él.

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo, en Suecia, falla anualmente este galardón en una multitudinaria rueda de prensa cuya repercusión es mundial.

 

 

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Aportación del Premio Nobel 2019

 

El trabajo de los doctores Ratcliffe, Semenza y Kaelin permite comprender mejor los tratamientos para combatir la anemia o el cáncer, entre otras enfermedades, a criterio del Comité Nobel.

 

 

Su aportación ayudará a comprender mejor la producción de eritrocitos, que son las células encargadas del transporte de oxígeno en la sangre, la generación de nuevos vasos sanguíneos y el ajuste fino del sistema inmunitario, esencial para defendernos de las infecciones o del cáncer, por ejemplo.

A juicio del jurado, estos hallazgos son fundamentales para comprender cómo el organismo humano se adapta a los cambios, según los niveles de oxígeno en sangre, y esto ha supuesto una revolución en la manera de practicar la medicina en distintas patologías. El Instituto Karolinska informa que los tres científicos compartirán igualmente el premio en efectivo de 918.000 dólares americanos.

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En 1901, el bacteriólogo alemán Emil Adolf  von Behring recibió el primer Premio Nobel en Fisiología y Medicina por sus trabajos sobre la terapia con suero, de especial aplicación contra la difteria, y que abrió una nueva vía de aplicación de la Medicina que permitió a los médicos disponer de una poderosa arma contra la enfermedad y la muerte causada por enfermedades infecciosas. Esto permitió descender drásticamente la mortalidad infantil al aparecer la antitoxina de la difteria.

 

En años posteriores, reconocimientos similares los recibieron Paul Ehrlich, Robert Koch, Louis Pasteur o Alexander Fleming que permitieron avanzar en la comprensión de la inmunología en las enfermedades bacterianas.

Según los premiados, estaban estudiando un gen en un tipo de célula rara del riñón cuando descubrieron que el gen activaba la eritropoyetina, que controla la producción de glóbulos rojos cuando las células se ven privadas de oxígeno.

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Este hallazgo les pareció muy interesante ya que permitía responder al cuerpo según el nivel de oxígeno. Dicho descubrimiento ha llevado a obtener tratamientos para personas con enfermedad renal crónica, una enfermedad cuyas tasas se están incrementando en la actualidad por el aumento de la prevalencia de hipertensión arterial y diabetes principalmente. Estos enfermos con afectación renal padecen anemia cuando sus riñones dejan de producir eritropoyetina, de ahí la importancia de que existan medicamentos que puedan activar la producción de eritropoyetina al aumentar estos factores.

 

Además, este descubrimiento tiene implicaciones clave para las enfermedades cardíacas y pulmonares. Los niveles bajos de oxígeno son una característica de algunas de las enfermedades de nuestra época como la insuficiencia cardiaca o la enfermedad pulmonar. En dichas enfermedades cuando las células tienen poco oxígeno, los tejidos deben responder para mantener los niveles de energía.

En el cáncer, las células se dividen rápidamente y consumen grandes cantidades de oxígeno, creando zonas hipóxicas o con poco oxígeno. En estas condiciones las células tumorales activan genes que les permiten metastatizar en todo el cuerpo. Aunque la quimioterapia actual está diseñada para matar células que se reproducen incontroladamente, pero bien oxigenadas, no hay tratamientos aprobados para tratar células hipóxicas en los tumores. Los autores creen que esas células que sobreviven a la terapia son las que posteriormente metastatizan y matan a los enfermos.

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Pero es que también estos mecanismos de detección de oxígeno son críticos para regular el tono de los vasos sanguíneos, y por tanto, para el desarrollo de un infarto de miocardio y su tratamiento. En la enfermedad cardiovascular, permite estudiar nuevas terapias que incrementen las perfusión en los tejidos isquémicos del infarto de miocardio, el ictus pero también en la diabetes, que en ocasiones terminan por sufrir una amputación de la pierna.

 

 

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Aplicación del Premio Nobel

Como bien dijo uno de los galardonados, «la ciencia hoy en día se realiza en un ecosistema de científicos, en el que cada uno aporta y recibe colaboración de otros». Comprender mejor cómo responden las células ante bajos niveles de oxígeno es un trabajo que el Dr Ratcliffe inició hace 30 años en Oxford, y con tenacidad y perseverancia ha permitido que un clínico combinara la aplicación de una ciencia básica en un nuevo método para curar pacientes.

 

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